El Parque de la Papa: Un Referente Mundial De Inovación Indigena

El Parque de la Papa es uno de los mejores referentes de innovación rural indígena del mundo. Localizado en los Andes peruanos, este proyecto retoma conocimientos, practicas, costumbres, y tecnologías prehispánicas propias del “Incaismo” y las adapta al contexto de la sociedad contemporánea apalancándose en el trabajo colectivo de sus comunidades, las condiciones biogenéticas de sus recursos naturales y el “buen vivir”, un estilo de vida fundado en la cosmología quechua de respeto y equilibrio con la tierra y la naturaleza.

Aunque el Parque de la Papa representa una aproximación holística a la cultura indígena de esta región, este documento se centra en la narración de pequeños extractos de una entrevista sostenida con cuatro agricultores de las comunidades indígenas que viven y trabajan en el parque.

Las condiciones climáticas y topográficas del valle sagrado de Pisaq hacen de este un terreno difícil; su altura varia entre 2000 y 4200 metros a nivel de mar, su geografía es montañosa, su suelo arenoso, con tierra piedrosa y negra, idóneo para la producción de papa silvestre y domestica. Es allí donde las seis comunidades indígenas se alternan el trabajo de cultivo y cosecha de este tubérculo y otros cultivos andinos, así como la producción de artículos derivados como aceites, champú, comidas y bebidas tradicionales entre otros.

La principal temporada para empezar el cultivo de papa es en septiembre, cuando la plantación se hace en chacras o masas propias o comunales por medio del uso de herramientas tradicionales y sin ningún tipo de producto plaguicida o fertilizante químico, usando solamente compost orgánico derivado de animales y plantas. En un día normal la vida de una familia de agricultores indígenas inicia en la madrugada. Las mujeres se levantan primero, a eso de las 4:30am y preparan el desayuno, mientras los hombres alistan sus herramientas y animales para ir al trabajo. Algunas veces llevan a los niños para que se familiaricen y vayan aprendiendo técnicas de siembra y algún día tomen el lugar de sus padres y ayuden a sus abuelos quienes en algunos casos ya no pueden cultivar. Antes de la jornada, los agricultores mastican hojas de coca y alredador de las 8am inician sus trabajos. A las 12pm las mujeres les llevan el almuerzo, tras una breve pausa continúan, a las 3pm toman el “ch’akipa” o refrigerio y a las 5:30pm finalizan el jornal. Se hacen entre 5 y 6 rotaciones de terreno y en promedio se deja descansar la tierra por 7 años para volver a cultivarla. La cosecha final oscila entre 300 y 800 kilos de papa cada año, los cuales son usados para consumo interno y el resto se utiliza para realizar intercambio o trueque por otros cultivos en mercados cercanos o para comercializarla a distribuidores locales.

La papa tiene varias cualidades nutricionales con gran cantidad de proteínas y fibras rica en calcio y fosforo. La dieta de las comunidades se basa en platos típicos como la “moraya” especialidad de las mujeres del parque que estiman que una vez preparado incrementa los niveles de calcio hasta un 7%. Se estima que aproximadamente una familia de 3 a 4 personas consume entre dos y tres kilos de papa por semana.

Sin duda la vida de estas familias indígenas gira en torno de la papa como elemento catalizador de las costumbres de las antiguas generaciones y la practica del buen vivir, la cual según cuentan los que saben, consiste en respetar y entender los diversos seres sin privilegiar un saber dominante, por medio, en este caso de la interpretación de los “tres ayllus” que comprenden un sofisticado entendimiento de las montañas, el sol, la luna, los animales silvestres, el clima, los humanos siempre con una fuerte reverencia espiritual a la “Pachamama”; el propósito es asimilar el conocimiento de otras formas de vida y lograr armonía, reciprocidad y equilibrio en sus relaciones.

Hoy en día el Parque de la Papa es reconocido a nivel mundial y hace parte de una red de trabajo internacional que involucra comunidades indígenas de otras latitudes especialmente aquellas que habitan en condiciones montañosas. Este modelo se ha intentado replicar en otras regiones con otros cultivos preservando el enfoque de conservación de la agro- biodiversidad propia y su vinculo con el patrimonio biocultural de sus comunidades.

Para finalizar, los invitamos a reflexionar de donde viene la papa, el café o las frutas que comemos. Tenemos la suerte y responsabilidad de ser otro eslabón del “buen vivir”, pongamos nuestro grano de arena para apoyar a nuestros compañeros indígenas en esta travesía por la tierra.

Agradecimientos especiales a :

Agrónomos - Investigadores Locales

Lino Mamani Huarka, Nazario Quispe Amao, Aniceto Ccoyo Ccoyo y Mariano Sutta Apucusi

De las comunidades

Pampallaqta, Chawaytire y Sacaca

Asociación ANDES, Cusco:

Jessica Villacorta, Tammy Stenner y Alejandro Argumedo